Este mes de agosto del 2010, esa herida producida por desaparición de un ser querido tardará un tiempo en curarse, pero irá doliendo un poco menos cada día, aparentemente. Cuando alguien muere de la familia ocurre que nos ira doliendo menos su desaparición, a algunos jamás dejara de dolernos. Eso no significa que olvidemos o dejemos de echarlo en falta. Al cabo de un tiempo, ese tiempo puede durar años o nunca acabar, no podemos proseguir con nuestra vida que teníamos y debemos volver a plantearnos el que hacer sin esa compañera que era el sostén de esta familia, siempre, recordándola, siempre.
Recordar a la persona que hemos querido durante casi toda nuestra vida, es una forma de mantenerla vivas en nuestro recuerdo. Las fotos nos ayudan a hacerlo. Mirar un álbum de fotos puede ayudarnos a recordar los momentos felices que compartimos con esa persona. Cuando se dice "recordar es volver a vivir" es cierto se vive de una fantasía pues la realidad es otra y no es nada agradable, recordamos es porque no somos felices en el presente pues recordar el pasado es vivir el presente de la manera que quisiéramos fuese. O porque el pasado fue mejor.
Recordar es volver a vivir Qué bonito es recordar nuestra vida de matrimonio y de noviazgo, de un pasado que no volverá. No necesariamente, porque uno no sea feliz en el presente, Lolilla. Todo en la vida tiene su momento, pero hay recuerdos gratos de nuestra juventud que yo no cambiaría por nada del mundo.
Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que el ser querido que ya no está junto a nosotros siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad estemos muy lejos el uno del otro.
Hoy quisiera apartarme un poco de lo cotidiano que escribo y dedicarle este párrafo a dos amigos muy queridos,(los cuales no sé si algún día por casualidad lo lleguen a leer) Miguel Leal Cruz y Juan Andrés Caballero Diez, el primero por haber sido un gran compañero en la Isla de la Palma donde ambos estuvimos destinados y aunque no somos de la misma rama, si no Inspector del CNP, tuve la gran suerte de pasar unos años de diversión y felicidad con nuestras respectivas familias, el otro un compañero de Armas el cual en los últimos años de mi vida cono Militar que estuve destinado hicimos una gran amistad, por ello y como sé que mi vida finalizara dentro de poco años, quiero recodarles a los dos que han sido grandes amigos y que lo he apreciado con todo el cariño de este mundo, también quisiera recordarle que los muchos años que le queden en esta vida sean tan felices con sus familias, como yo he sido infeliz durante estos cinco últimos años, porque los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que los amigos siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad estén muy lejos el uno del otro.
Tal vez Lolilla lo único que duele más que decirte hasta luego es no haber tenido la oportunidad de haberme despedido de ti, nunca diré adiós a nadie. Nunca dejo que las personas más queridas a mí se vayan. Me las llevo conmigo a donde vaya dentro de mi corazón. Pensar que cuando la persona querida muere no se pierda su recuerdo. El recuerdo y las vinculaciones emocionales no desaparecen. Permanecen, y aparecen en forma de recuerdos pasajeros o sueños. La pérdida del ser querido es uno de los acontecimientos más estresantes de la vida y puede producir una crisis emocional. Tras la muerte alguien que amas, experimentas una etapa dolor, que puede durar muchos años.
Sus últimos días sonreía, (no sabíamos que aquellos eran sus días contados) con esa sonrisa mágica de toda su vida. Tuvo paz en su muerte, pero a los demás nos dejo con el dolor de su perdida, se fue sin dolor como siempre quiso y ser la primera porque no quería que ninguno de nosotros se fuera antes que ella, me dejasteis solo, como cuando me lo decías, amenazándome en tus días de plenitud, por cascarrabias, es mi vida mi media vida desde que te fuisteis. Las lágrimas bañan mis mejillas, las dejo correr, me humedecen el dolor. Son mías, nadie me las roba. Son el grito de dolor y de la soledad de mi vejez.
Después de entrar en la soledad más absoluta y mordaz en solitario, el alba me despierta triste y sin itinerario el nuevo camino sin cariño y afectividad, camino un tiempo y descanso para reconfortar, a éste cuerpo viejo y sin deseos de caminar.
Mis días son lentos, grises y con retardo, recuerdo mi niñez lejana, sorprendido y sin ilusión, dejo pasar la vida y me reflejo en ella, como cuando de pequeño veía mi rostro en el espejo, sólo, mis amigos y compañeros aquellos que tanto quería y que junto a mi amada Loly, ya se fueron, soledad que te pegas a mi alma, no hay momentos de sosiego porque todo son ilusiones de querer estar contigo y ya nunca poder estarlo.
Ahora los años se me van quedando atrás, y me pongo a pensar, aun sin quererlo, en los años que me quedan. La vida camina inexorablemente hacia su término, y mi mirada se fija en las nubes de que rodean el Teide, que parecía tan lejano y ahora, de repente, se asoma cercano e inminente. La edad comienza a pesar, a hacerme sentirme incómodo, a dibujar el molesto pensamiento de que los años que me quedan de vida son ya, probablemente, menos de los que he vivido. Apenas había salido de la inseguridad de la juventud cuando me encuentro de bruces en la inseguridad de la vejez. Mis fuerzas ya no son lo que eran antes, la memoria me falla, los pasos se me acortan sin sentir, y mis sentidos van perdiendo la agudeza de que antes me vanagloriaba. Pronto necesitaré la ayuda de otros, y sólo el pensar eso me entristece.
Me estoy haciendo suspicaz, no entiendo lo que otros dicen, ni siquiera oigo bien, y me refugio en un rincón cuando los demás hablan, y en el silencio cuando dicen cosas que no quiero entender. La soledad se va apoderando de mí como el espectro de la muerte. La enfermedad que no tiene remedio. Me da miedo pensar que, de aquí en adelante, el camino no hará más que estrecharse y no volverá ya a ensancharse jamás. Tengo miedo a caer enfermo, de quedarme inválido, de enfrentarme a la soledad, que la vida es amiga y la edad benévola, que no hay nada que temer y sí todo a esperar.
Una lagrima rodo por mi triste mejilla, una lagrima y un recuerdo por tu desaparición de este mundo llevare de por vida. Necesito un hombro para llorar, cuantas veces he necesitado llorar, gemir, gritar tal vez, y he tenido que buscar mi almohada. Que duro es sentirse desamparado y triste ¿verdad? Sin embargo ese dolor se clava en el pecho y cuando vemos que no se quiere ir, sentimos que no logramos nada, ni siquiera si logramos encontrar ese hombro donde llorar. Realmente no me he puesto a pensar que hay tantas personas que se encuentran peores, mucho peores que yo.
Quiero pedir perdón porque siempre que escribo es para pedir consuelo, muy pocas veces soy capaz de darlo, pero no puedo con este dolor que me parte el corazón. Cada día es más intenso, me paraliza hace que me derrumbe hasta llegar al suelo y no quiero saber más de nada, nada me causa ilusión, mi mente solo esta añorando volver a verte Lolilla a sentirte, una locura ya lo sé, pero lo necesito tanto, no sé que voy hacer con la vida que me queda, nada es igual, solo hay un gran dolor, un gran vacío. Nadie entienden lo que siento.
No quiero decirte nada que no quieras leer. Lolilla, pero lo tengo que decir. ¿Cómo decirlo sin molestarte, sin sonrojarme? Te he dicho tantas cosas en mis paginas que al escribir ya no sé qué palabras utilizar para que tú puedas interpretar todo con claridad. Tengo la necesidad de escribir en este momento, sólo fue inspiración o el momento pero quería gritar, quería llorar. Hoy quería que me dieras un beso, un abrazo porque lo necesitaba pero al final me di cuenta que era imposible que tu ya no estás aquí, que tu lugar es el cielo y Dios no te deja que bajes para verme, me quedo con el recuerdo de tus labios y de tus abrazos, no es fácil decir lo que se piensa pero es más fácil escribirlo. En este mundo hay preguntas sin responder y esas son las mías. Te quiero tal y como eras. Cada día te extraño de manera diferente.
Es tan dolorosa esta lucha entre la razón y mi corazón, jamás te iras de él, ahora se, que has sido y serás siempre, el gran amor de mi vida. Abrazar la almohada donde tu dormías y llorar es lo que mi corazón desea tiene pena dentro de él y siento que se desmorona poco a poco, es necesario que lo explique, tratemos de describirlo, busquemos la manera de hacer sentir su proporción, pero todos los medios resultan tan insuficientes y torpes como inútiles. Parece muy extraño que no se oiga o se sienta alrededor algún indicio de nuestro tormentoso dolor, el dolor del alma, se presta a la transmisión emocional, el dolor físico se funda desesperadamente en sí mismo. De ese modo constituye el reflejo más duro de la soledad en que, a fin de cuentas, cada cual vive en este mundo. Yo a solas con mi dolor. Yo o mi dolor crónico. Yo acompañado tan sólo acompañado verdaderamente por la perfecta soledad que el dolor cerca y concluye.
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